LA VIDA DESDE UN MONASTERIO - Benedictinas El Tiemblo
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LA VIDA DESDE UN MONASTERIO

LA VIDA DESDE UN MONASTERIO

¿Qué hacemos las monjas  en el monasterio?

Las monjas , bajo el alero de Dios, con mirada penetrante y elocuente, contemplamos los horizontes de Dios y de los hombres, buscando interpretar proféticamente los signos de los tiempos.Día tras día, tranquilas y sin apuros, vamos gustando la palabra de nuestro Dios.  El contacto continuo con esta  Palabra es la que va poco a poco moldeando nuestras vidas, llamadas por Jesús a ser perfectas como nuestro Padre celestial  es perfecto.La Monja es una persona siempre en camino, no podemos quedarnos  inmóviles, apáticas. La misma fragilidad que descubrimos en nosotras contribuye a que nos pongamos en movimiento, yendo continuamente  en busca de aquél que todo lo puede ( EL Padre) y por quien suspira el alma aprisionada en este cuerpo herido por el pecado.El Monje es un ser sediento de Dios, el  recorrido de su vida  transcurre entre dos tensiones; la atracción por lo terrestre y  caduco,  y la nostalgia  por la  tierra prometida.

La Biblia es el libro que acompaña al Monje en su día a día, y en ella,  le  es revelada la sabiduría del Espíritu, que brota y desborda de sus páginas. En ella encuentra una fecundidad que le otorga una misteriosa maternidad o paternidad espiritual. La Palabra le ha engendrado, y  esa misma  palabra de Dios, le hace  portador de vida en el Espíritu de Cristo.

¿Qué es lo específico de la vocación monástica?

Para nosotras benedictinas, es la búsqueda  del rostro del Padre, mediante el lema “Ora et Labora”. Estamos llamadas por Nuestro Padre San Benito a no anteponer nada al amor de Cristo. Los Monjes nos Consagramos  prioritariamente al ministerio de la oración y de la contemplación.Una contemplación que nos lleva a descubrir mediante los ojos de la  fe, en lo ordinario de cada  día, la presencia de Cristo en cada persona, cada cosa, cada acontecimiento.                                                                                                                                                                                    Nosotros los  Monjes, enraizados en la tierra de los seres humanos, que por María se ha transformado en tierra de Dios, buscamos  más allá del horizonte de la clausura, un lote que no es de propiedad privada. El lote de la vida en Cristo y con Cristo en Dios, que es tierra de promesa para toda la humanidad. Así, estimulados por la palabra de Dios y reanimados por ella como hierba espiritual, nos vamos  integrando  en amistosa rueda, distantes pero cercanos con  todos los seres humanos, nuestros  hermanos y hermanas, para poder con ellos  comulgar en Dios.FUENTE SURCO

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