SANTA ESCOLÁSTICA, MADRE DE LAS BENEDICTINAS. - Benedictinas El Tiemblo
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SANTA ESCOLÁSTICA, MADRE DE LAS BENEDICTINAS.

SANTA ESCOLÁSTICA, MADRE DE LAS BENEDICTINAS.

El milagro de Santa Escolástica (LIBRO SEGUNDO DE LOS DIÁLOGOS DE SAN GREGORIO MAGNO.

Pudo más porque amó más.

38 En esta vida, Pedro, ¿quién más grande que Pablo, el cual rogó tres veces al Señor que lo librara del aguijón de la carne, y que sin embargo no pudo obtener lo que deseaba? (cf. 2 Co 12, 7ss). Por eso es necesario que te cuente cómo el venerable Padre Benito quiso en una ocasión algo que no pudo obtener. 2. Su hermana Escolástica, consagrada desde su infancia a Dios omnipotente, solía visitarlo una vez al año. El hombre de Dios por su parte descendía para verla a una propiedad del monasterio, no lejos de la portería

Un día fue como de costumbre y su venerable hermano bajó a verla, junto con algunos discípulos. Pasaron todo el día en alabanzas de Dios y en santos coloquios, y al caer la oscuridad de la noche, tomaron juntos la refección. Cuando aún estaban sentados a la mesa, y el tiempo transcurriera en santas conversaciones, su hermana religiosa le rogó diciendo: “Te suplico que no me abandones durante esta noche, para que podamos conversar hasta mañana de las alegrías de la vida celestial”. Mas él contestó: “¿Qué estás diciendo, hermana? De ninguna manera puedo permanecer fuera del monasterio. 3. Era tanta la serenidad del cielo que no se veía en él nube alguna. La santa religiosa, al oír la negativa de su hermano, entrelazando sus dedos sobre la mesa, apoyó la cabeza en sus manos para implorar al Señor omnipotente. Cuando la levantó, estallaron con tanta vehemencia truenos y relámpagos y fue tal la inundación producida por la lluvia, que el venerable Benito y los hermanos que estaban con él, no pudieron ni siquiera traspasar el umbral de la habitación en la que se hallaban. En efecto, la santa religiosa al apoyar la cabeza en sus manos, había derramado sobre la mesa ríos de lágrimas que transformaron en lluvia la serenidad del cielo. Tan sin tardanza siguió la inundación a la oración que ambas coincidieron, de modo tal que al levantar la cabeza estalló el trueno y en el mismo momento comenzó a caer la lluvia 4. Viendo entonces el hombre de Dios que en medio de los relámpagos y truenos y de la inundación de la lluvia torrencial, no le era posible regresar al Monasterio, contristado comenzó a quejarse diciendo: “Que Dios omnipotente te perdone, hermana. ¿Qué es lo que hiciste?”. Ella le contestó: “Mira, te rogué a ti y no quisiste escucharme; rogué a mi Señor y Él me escuchó. Sal ahora si puedes y, dejándome, regresa al Monasterio”. Pero él no pudo salir de la casa, y no habiendo querido quedarse de buen grado, tuvo que permanecer allí contra su voluntad. Y así fue como pasaron toda la noche en santos coloquios sobre la vida espiritual. 5. Por eso te decía, Pedro, que Benito había deseado algo que no pudo conseguir. Porque si nos fijamos en el pensamiento del hombre venerable, no hay duda de que deseaba que se mantuviera el tiempo sereno como cuando había bajado, pero en contra de lo que él quería, por el poder de Dios omnipotente ocurrió el milagro, alcanzado por el corazón de una mujer. Y no hay que admirarse de que en esa ocasión pudiese más que él esa mujer que ardía en deseos de ver por más tiempo a su hermano. Porque según las palabras de Juan, Dios es amor (1 Jn 4, 8.16), y era muy justo que pudiera más la que más amaba.

PEDRO: Confieso que me gusta mucho lo que  dices.

XXXIV. CÓMO VIO SALIR DE SU CUERPO EL ALMA DE SU HERMANA

GREGORIO: Cuando al día siguiente, la venerable mujer volvió a su casa, el hombre de Dios regresó al Monasterio. Tres días después, estando él en el Monasterio, elevada la mirada hacia lo alto, vio el alma de su hermana que, después de haber abandonado su cuerpo, penetraba en forma de paloma en las profundidades misteriosas del cielo. Colmado de alegría por gloria tan grande, dio gracias a Dios omnipotente con himnos y alabanzas y anunció a los hermanos su muerte. 2. Al instante los envió para que trajeran el cuerpo al Monasterio y lo depositaran en el sepulcro que se había preparado para sí. Sucedió entonces que ni siquiera el sepulcro pudo separar los cuerpos de aquellos cuyo espíritu siempre había sido uno en Dios.

 

¿Qué nos dice hoy Santa Escolástica a los hombres y mujeres del siglo XXI?

Esta gran Santa, que siguió los pasos de su hermano, Benito de Nursia; nos enseña, que las verdaderas relaciones fraternas se asientan en la experiencia del encuentro amoroso con Jesús.

Para Nuestra Reflexión:

¿De qué hablamos en nuestros encuentros?

¿Comparto mi experiencia  con el  Señor?

¿Tengo sed de escuchar su Palabra?

 

 

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